Ya no pienso si sigo compitiendo en CX, en hacer un dauthlón, preparar la maratón de Madrid e incluso el IRONMAN de Lanzarote. Pero todo esto se esfumó cuando empezé a disfrutar de la sierra de Madrid.
El domingo empezó a las 7:30 en Alcobendas en el parking del poli, donde Moi, el guardia, Diego, Brigada y yo salimos a encontrarnos con Luís y Alberto en Cercedilla.
Empezamos a subir por la vereda alta y lo primero que sentimos, aparte del dolor en las piernas producido por las fuertes pendientes, fue el aroma, el silencio y la tranquilidad que te da recorrer estos caminos, donde desaparecen todos tus pensamientos de tu vida cotidiana, la rutina de la vida diaria y todos los problemas y te centras en cada pedalada, en las posibles trazadas que tienes para pasar el próximo obstáculo y en la belleza de todo lo que te rodea.
Si en la subida se agudizan los sentidos, en las bajadas es la adrenalina la que se dispara. Quien no ha hecho una baja entre piedras, escalones, raíces, precipicios, etc no puede entender esa sensación de simbiosis con tu bici y con el paisaje. Sientes a la bici como una prolongación de tu cuerpo que te hace sentir cada piedra del camino, se convierte en tu pareja de baile que te permite superar una y otra vez los obstáculos que te da el camino.
1 comentario:
Amen!!
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